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<rss xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" version="2.0"><channel><atom:link href="https://ceciliaparedes.blogia.com/feed.xml" rel="self" type="application/rss+xml"/><title>Cecilia Paredes</title><description>Sobre el trabajo fotogr&#xE1;fico de Cecilia Paredes</description><link>https://ceciliaparedes.blogia.com</link><language>es</language><lastBuildDate>Sun, 10 Dec 2023 12:02:20 +0000</lastBuildDate><generator>Blogia</generator><item><title>IDENTIDADES PERFORM&#xC1;TICAS: La metamorfosis infinita de Cecilia Paredes</title><link>https://ceciliaparedes.blogia.com/2007/012901-identidades-performaticas-la-metamorfosis-infinita-de-cecilia-paredes.php</link><guid isPermaLink="true">https://ceciliaparedes.blogia.com/2007/012901-identidades-performaticas-la-metamorfosis-infinita-de-cecilia-paredes.php</guid><description><![CDATA[<div>Las pr&aacute;cticas art&iacute;sticas contempor&aacute;neas basadas en la fotograf&iacute;a como herramienta de investigaci&oacute;n est&eacute;tica y sociol&oacute;gica, advierten -cada vez con m&aacute;s fuerza- que el ejercicio fotogr&aacute;fico est&aacute; a ratos m&aacute;s abocado a concebir enga&ntilde;osas estrategias de representaci&oacute;n, partiendo de lo perform&aacute;tico como punto de partida del hecho est&eacute;tico en s&iacute;. En virtud de ello, el travestismo de naturaleza discusiva y morfol&oacute;gica se afinca como operatoria de funcionamiento (auto)reflexivo que garantiza un cuestionamiento de los m&aacute;s rancios esquemas modernos. Esos que hallan en la antinomia excluyente un modo de ejercer el control. El modelo perceptivo prefijado garante de unas  fronteras o lindes inamovibles entre realidad y ficci&oacute;n, entre lo verdadero y lo falso, entre el hecho real y su simulaci&oacute;n, es enjuiciado por un amplio grupo de po&eacute;ticas que apelan a la ambig&uuml;edad y a la imagen travesti, como eficaz m&eacute;todo para el centramiento de la duda. De repente la veracidad, entendida como valor supremo de la fotograf&iacute;a en tanto<br />registro de lo real y copia leg&iacute;tima del mundo de afuera, es utilizada en su propia contra. El soporte fotogr&aacute;fico ampl&iacute;a as&iacute; sus fronteras taxativas y se<br />desmarca de sus roles tradicionales. <br /><br />En este sentido la obra de la artista de origen peruano -afincada en Philadelphia, aunque con una hoja de vida marcadamente n&oacute;mada - Cecilia Paredes, es un claro ejemplo de c&oacute;mo la autorrepresentaci&oacute;n travestida adquiere una dimensi&oacute;n est&eacute;tico-cultural de relieve, en la medida en que &eacute;sta supone un aut&eacute;ntico ejercicio de posicionamiento de sobrada contestaci&oacute;n social e incluso pol&iacute;tica . Su propuesta trasciende en mucho el horizonte de la superficie inmaculada de la foto, para fundar interrogantes en los planos del feminismo est&eacute;tico, en los del debate antropol&oacute;gico y<br />en el de las discusiones en torno a la ontolog&iacute;a misma del medio: a sus funciones y estrategias de sentido. Cecilia es una artista de conceptos, por  antinomias que justo su propuesta revisa y, por tanto, desarticula.<br /><br />De inicio resulta prudente se&ntilde;alar que en la estructuraci&oacute;n de su sistema narrativo, el cual se erige a partir de fragmentos de una aparente realidad<br />que es pura ficci&oacute;n, intervienen tres momentos que pudieran presumirse ajenos entre s&iacute;, pero que en el contexto de su po&eacute;tica act&uacute;an de un modo muy relacionado. Quiero decir con ello que Cecilia activa un modelo de operatoria est&eacute;tica que termina por combinar y hacer coincidir los momentos de: la performance, la autorrepresentaci&oacute;n escenificada y el registro fotogr&aacute;fico definitivo, como estados permanentes de un acto creativo que comienza incluso mucho antes, con sus obstinados laboreos de recolecci&oacute;n y exploraci&oacute;n est&eacute;tica del entorno natural y sus intrincados intersticios y recodos .<br /><br />Por esta v&iacute;a, las acciones corporales que preceden a la fijaci&oacute;n definitiva de la imagen, desvelan un protagonismo del yo, es decir de la propia artista que se expresa solo y en exclusiva a trav&eacute;s de su cuerpo eternamente metamorfoseado a trav&eacute;s de la b&uacute;squeda infinita de nuevas identidades. Desde tal concepci&oacute;n unitaria de base cosmog&oacute;nica en la que la mujer artista es ave, almiqu&iacute;, pulpo, pez, g&aacute;rgola, mariposa y todo a la vez, en un tiempo de intensa y po&eacute;tica reconciliaci&oacute;n, es oportuno se&ntilde;alar que su yo es plural y posmoderno, nada esc&eacute;ptico ni excluyente. En Cecilia no existe la orfandad de una de las partes, del fragmento, ni del todo. En cualquier caso lo que se sucede en cada una de las nuevas entidades creadas desde el collage y el pr&eacute;stamo, es un nuevo ser que disfruta con regocijo la expansi&oacute;n y la libertad que solo es abrazada cuando superamos los l&iacute;mites<br />culturales de nuestras anatom&iacute;as, cuando burlamos las parcelas que antes han sido estrictamente dise&ntilde;adas y definidas. El abandono a la integraci&oacute;n de los complementarios mediante un gesto de justicia reconciliador que tiene mucho de erotismo en la b&uacute;squeda infructuosa de su evanescente objeto del deseo, es una de las razones de mayor peso po&eacute;tico en la obra de Cecilia . De inteligencia avispada y sensibilidad a prueba, Cecilia Paredes no es usada por el arte, sino que hace uso de &eacute;ste, en tanto cuerpo discursivo eficaz, no para desvelar los perfiles de una &ldquo;verdadera&rdquo; identidad ficcionalizada, m&aacute;s bien para mostrar que la identidad es una construcci&oacute;n imaginaria que debe mucho a los procesos de mediaciones y condicionamientos culturales. <br /><br />Quiz&aacute;s sea esta la raz&oacute;n por la que las infinitas configuraciones de sus yo, expandidos en las pieles de los otros, e inscritos en el espacio mutante de la fotograf&iacute;a, desean enfrentar el exiguo esquema de posibilidades representativas que ofrecen los paradigmas culturales contempor&aacute;neos, de los que la propia artista participa, m&aacute;s all&aacute; de toda reserva y abstenci&oacute;n. En sus instant&aacute;neas no est&aacute; Cecilia Paredes como ser que protagoniza desde la automirada  narcisista el set de la representaci&oacute;n; sino que descubrimos en estas l&aacute;minas hermos&iacute;simas la puesta en escena de entidades que responden m&aacute;s a un impulso interior de honesta y deseada conciliaci&oacute;n entre ser humano y medio natural. <br /><br />Las suyas son nuevas construcciones identitarias que desde la belleza y el silencio contenidos en ellas, son capaces de ofrecer un modelo algo in&eacute;dito de autorrepresentaci&oacute;n, sin costuras y sin las barreras asfixiantes establecidas por las plataformas del deber ser. Es en esa colisi&oacute;n entre la automirada y la necesidad feroz del hallazgo de nuevas visiones complementarias, donde se localiza en su propuesta un momento casi lit&uacute;rgico de interfase entre los muchos sujeto que habitan la obra y el propio yo de la artitas. Una especie de repliegue de identidades que permite establecer a un mismo tiempo varios frentes de emisi&oacute;n de discursos, y que le garantizan a Cecilia el privilegio de un di&aacute;logo c&oacute;mplice (de varios niveles<br />de intensidad) con ella misma.           <br /><br />El silencio es en este sentido otro protagonista de lujo en sus obras. Existe un silencio que inquieta, plagado de sugerencias y signos, un silencio<br />convertido en sustrato no perceptible, en recurso fuertemente intuido y de car&aacute;cter inexorablemente po&eacute;tico. Cualquier foto de Cecilia, incluso aquellas en las que la composici&oacute;n delata cierta apetencia neobarroca, advierte de la existencia de un silencio en el que pudieran estar contenidos muchos de los interrogantes que alcanzar&iacute;an a explicar desde la raz&oacute;n los significados que apenas quedan irresueltos en el orden retiniano y en los asideros inasibles de la superficie fotogr&aacute;fica. De este modo visto, el silencio, la soledad, la quietud aparente de cada escena, act&uacute;an como elocuentes met&aacute;foras de un mundo contempor&aacute;neo donde la prisa y el exceso de ret&oacute;rica conducen al suicidio. <br /><br />Sin abandonar una postura hedonista que nunca queda disimulada, como hacen otros que s&iacute; persiguen una cuestionable rentabilizaci&oacute;n de la belleza, sus obras se orientan hacia las pr&aacute;cticas de un tipo de exorcismo universal no necesariamente vinculado a fen&oacute;menos del campo religioso, y s&iacute; en cambio a ciertas exigencias de fundamento &eacute;tico. Las alarmas ecol&oacute;gicas y los discursos demag&oacute;gicos de protecci&oacute;n medioambiental se disparan, mientras una artista de los m&aacute;rgenes construye hermosas met&aacute;foras que no por bellas dejan de ser prueba fehaciente de una realidad<br />transida por el canibalismo y la depredaci&oacute;n. <br /><br />Tales v&iacute;nculos con estas preocupaciones sociales, tienen su correlato en la formulaci&oacute;n de una simbolog&iacute;a personal en el contexto de la obra. La<br />imagen antropom&oacute;rfica y el enigma de la metamorfosis zoohoma, definen el centro hermen&eacute;utico en las piezas de Cecilia Paredes. El cuerpo de la artista se revela as&iacute; como un set de furtivas simulaciones donde el hedonismo y el gesto er&oacute;tico de la imagen, se trueca en profundidad cultural. Al metamorfosear su cuerpo Cecilia confiere una densidad a su superficie que termina por convertirle en dispositivo desbordado de alusiones sem&aacute;nticas. Su relaci&oacute;n y mixtura a modo de collage con indicios de naturaleza morfogen&eacute;tica, consiguen aportar prefiguraciones po&eacute;ticas de alto valor simb&oacute;lico, que garantizan un reconocimiento desde el punto de vista de lo tel&uacute;rico. De ah&iacute; en parte que la centralizaci&oacute;n del cuerpo trastrocando sus perfiles humanos, act&uacute;e adem&aacute;s como zona de enfrentamiento y dilucidaci&oacute;n entre el pasado y el presente, entre la realidad y la ficci&oacute;n, entre el mito y la historia. <br /><br />La representaci&oacute;n del cuerpo viene a ser entonces, y por sobre toda mirada de intenciones sexistas, un modo de intervenir desde el campo del arte en zonas e intersticios del imaginario colectivo, a donde no es a veces posible un acceso por medio de otros frentes de &aacute;nimo arqueol&oacute;gico, ni m&eacute;todos del lenguaje. La imagen art&iacute;stica es aqu&iacute; eficaz instrumento de indagaci&oacute;n psicoanal&iacute;tica, pretexto po&eacute;tico para una denuncia.<br />Cecilia visita, con la sutil gracia que le caracteriza, aquellos espacios nuestros en los que el animal ha dejado huella y puede intuirse el zarpazo de<br />su nueva embestida.<br /><br />La exploraci&oacute;n en los l&iacute;mites mismo del cuerpo y en sus relaciones zoohom&oacute;rficas, hacen que &eacute;ste se vea sometido a continuos cambios en los que las taxonom&iacute;as y los lindes prefijados entre naturaleza y cultura quedan en entredicho. Lo que Cecilia realiza es una aut&eacute;ntica revisi&oacute;n de enunciados teleol&oacute;gicos y culturales en aras de expandir sus reducidos campos de entendimiento. Sus recorridos por el umbral de lo natural y lo metaf&iacute;sico, no son m&aacute;s que el modo de advertir y proponer cierta vuelta a un origen abstracto, un retornar a determinadas formas esenciales que en alg&uacute;n momento hicieron parte de nuestra existencia. Sus im&aacute;genes alcanzan a transformar la materia org&aacute;nica en verdaderas obras de arte, y el cuerpo en ellas se convierte en emblema de una existencia universal y c&oacute;smica, que pide a gritos una visi&oacute;n fractal, nada fronteriza ni aniquiladora de las m&uacute;ltiples identidades y perfiles que pudieran habitar en un mismo cuerpo. Trascendiendo sus fronteras y otorg&aacute;ndole la gracia y vitalidad del tropo, Cecilia se coloca en la altura del templo, cual g&aacute;rgola nerviosa, a la espera de que el horizonte le revele nuevas presencias. <br /><br />Andr&eacute;s Isaac Santana.<br />Cr&iacute;tico y ensayista. Autor del libro Im&aacute;genes del Desv&iacute;o. Corresponsal de ArtNexus desde Madrid y colaborado de la publicaciones Art.es y Atl&aacute;ntica<br />Internacional.</div>]]></description><pubDate>Mon, 29 Jan 2007 03:09:00 +0000</pubDate></item><item><title>Luis Fernando Quiros | historiador y cr&#xED;tico de arte</title><link>https://ceciliaparedes.blogia.com/2007/012802-luis-fernando-quiros-124-historiador-y-critico-de-arte.php</link><guid isPermaLink="true">https://ceciliaparedes.blogia.com/2007/012802-luis-fernando-quiros-124-historiador-y-critico-de-arte.php</guid><description><![CDATA[<p align="justify">Cecilia Paredes ha caracterizado su obra como una cartograf&iacute;a para entrar en el intrincado archivo de su imaginaci&oacute;n, recinto secreto de una naturalista, o, gu&iacute;a para ingresar al museo de una colectora de indicios terrestres.</p><p align="justify">La construye con la met&aacute;fora, o quiz&aacute;s mejor definido con el hox&iacute;moron, porque lo que se sustantiva califica a otro sustantivo en un perenne juego de dobles: es la mujer, pero es mujer pez, mujer &aacute;rbol, mujer zorrillo, mujer pulpo, mujer g&aacute;rgola, mujer sirena, mujer venada; o incluso, algunos son seres ambig&uuml;os en quienes germina la gran inc&oacute;gnita de la paradoja.<br /></p><div>Ella juega con los significados interpretando una naturaleza dentro de s&iacute;, que en la evoluci&oacute;n de la obra ahora la lleva puesta y la amolda a la morfolog&iacute;a del estuche de su alma. Plet&oacute;rica, esa naturaleza ensortija el doble de su brazo, o el de sus pi&eacute;s, como lianas que van creciendo nutridas<br />por las mismas sustancias que un d&iacute;a los entes mitol&oacute;gicos del jard&iacute;n la convirtieran en &aacute;rbol. Recorrer su obra es acceder al registro de una visi&oacute;n del eterno ed&eacute;n, en el cual ingresamos para revivificar los brios creativos, cuando todo lo racional y objetivo resulta una carga cotidiana. Entrar a aqu&eacute;l, afirma que los espectadores somos capaces de dibujar nuestro propio imaginario y grabarlo, m&aacute;s all&aacute; de las visiones de esta artista.  -<br /></div><p><br /><strong>Sobre el autor: Luis Fernando Quiros, historiador y critico de arte, Sus curadurias incluyen, "Espadas de<br />Doble Filo", Proyecto DO IT, Museo de Arte y Dise&ntilde;o Contempor&aacute;neo ,Costa Rica.</strong><br /></p>]]></description><pubDate>Sun, 28 Jan 2007 23:13:00 +0000</pubDate></item><item><title>JAVIER PANERA | DIRECTOR ARTDOMUS SALAMANCA</title><link>https://ceciliaparedes.blogia.com/2007/012801-javier-panera-124-director-artdomus-salamanca.php</link><guid isPermaLink="true">https://ceciliaparedes.blogia.com/2007/012801-javier-panera-124-director-artdomus-salamanca.php</guid><description><![CDATA[<div>Los procesos de metamorfosis que registran las im&aacute;genes de Cecilia Paredes, act&uacute;an como una frontera transitoria entre el pasado y el futuro, el pensamiento y la acci&oacute;n, el mito y la realidad, la naturaleza humana y la naturaleza animal, el esp&iacute;ritu y la carne, el rostro y la mascara, el arte y la vida...<br />No es extra&ntilde;o en este sentido,que los fondos oscuros sean impenetrables, sean una referencia clave en muchas de sus creaciones fotogr&aacute;ficas pues proporcionan a esos "nuevos seres" un limite simb&oacute;lico entre el pensamiento racional y la imagen galopante.<br />El trabajo de Cecilia Paredes parte en este sentido de una necesidad vital: su creencia de que la misi&oacute;n del artista es explorar mediante su obra, zonas de la conciencia a las que no se puede acceder por ning&uacute;n otro medio y de que el aspecto de nuestra identidad que mas nos hemos esforzado por suprimir es precisamente nuestra naturaleza animal.<br />Si como piensan algunas tribus primitivas con cada  foto nos apropiamos del alma del retratado, cada una de las fotograf&iacute;as en las que Cecilia transforma su cuerpo en pez, serpiente,p&aacute;jaro,zorrino o armadillo se convierte en una especie de homenaje al esp&iacute;ritu del animal, tal vez de una bendici&oacute;n o de un acto de gratitud...<br /></div><br /><br />]]></description><pubDate>Sun, 28 Jan 2007 23:07:00 +0000</pubDate></item></channel></rss>
